El artículo anterior planteó una discusión en torno a Washington, indicando que la moneda de reserva está ligada a la disciplina fiscal y la credibilidad política de la nación emisora. Si esta credibilidad llegara a erosionarse, sería lógico prever que otros centros monetarios podrían ocupar parte del vacío resultante.
Esta perspectiva ha ido ganando terreno. Se anticipa que el dólar podría ver una disminución en su peso relativo, mientras que el euro, el renminbi y algunas monedas intermedias podrían aumentar su participación. Además, los pagos internacionales podrían diversificarse a través de más canales, reduciendo así la dependencia del sistema en una sola potencia.






