Por: Abrahan Jimenez.
En su intervención del 4 de julio, el alcalde Zohran Mamdani evoca los principios fundacionales de América para abogar por una visión que los infringe. Describe a la Nación como un espacio vacío en el que ‘nuevos americanos’ pueden reconfigurar su esencia, al tiempo que pinta su pasado como un escenario de supremacía racial y exclusión. Esta retórica compleja pone de manifiesto una contradicción clave: un inmigrante naturalizado, que se ha beneficiado del dinamismo capitalista y de las instituciones que critica, utiliza el lenguaje de la Declaración de Independencia para impulsar una agenda socialista que ha dañado ciudades como Nueva York a través de políticas de dependencia, divisiones identitarias y rechazo a la meritocracia. En el contexto de un aniversario de independencia, confunde la apertura con el desmantelamiento.
El discurso de Mamdani se encuadra como un ejemplo clásico de retórica progresista que esconde críticas ideológicas bajo un lenguaje superficial y contradictorio. Presenta un patriotismo selectivo al hablar de cumplir con los valores de la Declaración, redefine a América como un proyecto ilimitado de cambio, desestimando que los Fundadores subrayaban la importancia de los límites, el autogobierno, la propiedad privada y la asimilación cultural. A pesar de criticar la ‘exclusión’ como un truco barato, su propio discurso demoniza a quienes abogan por la defensa de las fronteras, la meritocracia o la preservación cultural, tildándolos de supremacistas.
El discurso está plagado de ficciones personales e ideológicas; Mamdani, originario de Uganda y criado en un entorno privilegiado, critica a ‘billonarios’ y ‘oligarcas’ mientras ejerce poder en una ciudad que depende de la riqueza privada, la innovación y la atracción de talento. Su papel como socialista democrático lo lleva a promover políticas que históricamente fomentan la dependencia estatal, la inflación y la fuga de capitales, factores contrarios a la movilidad y oportunidades que dice celebrar.
Al denunciar la división como un truco antiguo, introduce elementos de raza, acento y clase para enmarcarlo moralmente. Ignora que la excepcionalidad americana se basa en instituciones, el Estado de Derecho y una cultura de libertad individual que ha permitido a inmigrantes, incluido él, prosperar, y no en un victimismo estructural perpetuo.
El discurso de Zohran Mamdani ilustra la dicotomía entre la realidad y la retórica. La ciudad de Nueva York, bajo enfoques progresistas semejantes, ha enfrentado problemas como el aumento de la delincuencia, la migración descontrolada, el encarecimiento de la vivienda y un declive fiscal; sus soluciones se centran en impuestos elevados y más gasto, lo que agrava aún más las ‘contradicciones’ que señala.






