Las organizaciones que surgieron tras la revolución industrial se caracterizan por adoptar modelos de gestión convencionales, que se basan en jerarquías verticales, una centralización en el proceso de toma de decisiones y procedimientos estandarizados que carecen de flexibilidad. En la actualidad, numerosas entidades del sector público, empresas y centros de educación superior que aún operan bajo este esquema tradicional se enfrentan a serias dificultades para adaptarse a entornos que se distinguen por cambios tecnológicos rápidos, incertidumbre económica debido a mercados muy competitivos y nuevas exigencias sociales.








