El declive de las empresas dominicanas

José D. Pool Dominici

La evolución económica y cultural de una nación se forja a través de sus empresas, las cuales no solo dan forma a la identidad de una ciudad, sino que también se convierten en parte esencial de su patrimonio afectivo. No obstante, al observar el actual escenario, surgen interrogantes significativas: nos estamos quedando sin empresas exclusivamente dominicanas. Varias de las grandes marcas que un día fueron símbolo del ingenio local han desaparecido o han sido adquiridas por entidades extranjeras. Reconstruir la historia de lo que ahora se conoce con distintos nombres es esencial para revivir nuestra memoria colectiva.

Un claro ejemplo de esta transformación es una auténtica "marca país" que nació del esfuerzo y la dedicación: lo que comenzó como un restaurante de alta cocina se convirtió en un famoso establecimiento y, más tarde, en un hotel y restaurante de cinco estrellas. Muchos recordaréis con nostalgia lo que fue uno de los mejores lugares gastronómicos de la ciudad y del país: el Restaurante Lina.

En sus primeros años, este emblema estaba situado en la Avenida Independencia, cerca del cementerio del mismo nombre —una necrópolis que debería ser reconocida como uno de los museos más importantes en la zona antigua de Santo Domingo, aunque no podemos quedarnos esperando a que el ministro y sus aliados del sector turístico tomen cartas en el asunto—. Con el tiempo, el proyecto se trasladó a la Avenida Máximo Gómez, casi en la esquina con 27 de Febrero, transformándose en el espectacular Hotel y Restaurante Lina. Actualmente, reflejando los tiempos modernos y la globalización, opera bajo el nombre de una cadena internacional: el Hotel Barceló.

Hasta aquí, la historia es bien conocida por los adultos nacidos a partir de 1950, o por quienes llegaron a la capital en esa época. Sin embargo, hay aspectos de este relato que pocos conocen y que tuve la oportunidad de vivir de cerca entre finales de los años 70 y principios de los 80.

En esos años, existía una importante constructora, Pujadas y Armenteros, que desarrolló grandes urbanizaciones en la capital, incluyendo el sector El Portal y la plaza comercial del mismo nombre, donde se encontraba el cine El Portal —lamentablemente famoso hoy por el trágico incidente del club Jet Set—. Esta empresa creció tanto que sus fundadores decidieron aventurarse en el ámbito financiero, estableciendo el Banco Hipotecario Miramar.

En aquel entonces, el sistema bancario enfocado en la construcción apenas estaba comenzando; solo había un par de instituciones en ese nicho. El primero en emerger fue el BHD, entre 1972 y 1973. De aquellas entidades, solo el BHD y el Banco Popular han logrado perdurar, evolucionando hasta convertirse en multibancos. Los demás bancos hipotecarios se vieron afectados por la crisis de los años 90.

En este contexto, el entonces presidente Joaquín Balaguer, en una de sus decisiones políticas, nombró a un gobernador del Banco Central con poca experiencia. Su primera medida para combatir una inflación descontrolada, similar a la que enfrentamos hoy, fue subir drásticamente la tasa pasiva al 38% y la activa al 40%. Esto tuvo un efecto devastador: los bancos hipotecarios tenían sus préstamos vinculados a tasas fijas de entre el 12% y el 20% a 20 años, sin mecanismo de ajuste, lo que llevó al colapso inevitable. La gran mayoría enfrentó dificultades, y solo aquellos que lograron integrarse a la banca múltiple sobrevivieron.

Regresando a la historia del Lina, el presidente del Banco Hipotecario Miramar era el ingeniero Guillermo Armenteros, un empresario visionario y sumamente inteligente. Él me contrató como gerente de operaciones del banco, y tuve el privilegio de coordinar un consorcio de bancos que se unieron para financiar el ambicioso proyecto del nuevo hotel.

El éxito de esta iniciativa se debió en gran parte a la entrañable relación entre don Guillermo y doña Lina. En ese contexto, la señora era ya una persona mayor y sus mejores aliados eran sus cocineros y empleados de confianza. Como el Banco Hipotecario Miramar lideraba el grupo financiero, también asumimos un rol de asesores estratégicos.

Gracias a la visión empresarial de Armenteros, pudimos avanzar con el proyecto. No fue una tarea fácil: imaginad los desafíos cuando debíamos presentar la liquidación de obras realizadas ante socios españoles, expertos en alta cocina pero no en costos estructurales; las discusiones resultaban complicadas. Sin embargo, superamos esos obstáculos financieros y técnicos, logrando así la apertura del gran Hotel y Restaurante Lina.

Al recordar estos momentos, no solo regreso a un lugar querido, sino que también reflexiono sobre la construcción de los cimientos de la ciudad que hoy conocemos. El Lina fue un símbolo de una época de valentía empresarial dominicana que, paso a paso, ha ido cediendo su lugar en la historia.

  • Related Posts

    ICE emite órdenes de detención contra dominicanos acusados de apuñalar a detective en Nueva York; temen deportaciones a África

    Por Ramón Mercedes NUEVA YORK.- El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) ha emitido órdenes de detención migratoria contra los dominicanos D’Angelo Caraballo, de 25…

    Abinader: La situación en Haití no implica un gran riesgo para la seguridad en la frontera dominicana

    Este lunes, el presidente Luis Abinader declaró que los conflictos entre grupos armados haitianos y miembros de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) no suponen, en este momento, una…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *