Imagen pública: el espejo que muchos temen mirar

Miguel de Unamuno, filósofo y pensador español, sostenía que cada individuo posee tres versiones de su imagen: la que cree ser, la que los demás perciben y la que realmente es. Para él, esa triple dimensión reflejaba la complejidad de la identidad humana.

La reflexión de Unamuno mantiene plena vigencia. La mayoría de las personas desarrolla su vida conforme a los principios y valores que moldearon su personalidad desde temprana edad, sin detenerse muchas veces a pensar cómo son vistas por los demás.

El error más común consiste en asumirse siempre como “bueno”, cuando lo correcto sería evaluar con humildad la percepción que proyectamos ante la sociedad.

Desde hace décadas, las cifras públicas recurren a firmas encuestadoras para medir la manera en que la población las percibe. A partir de esos estudios identifican fortalezas y debilidades, y contratan expertos que les ayudarán a construir o mejorar su imagen.

Hoy, políticos, artistas y deportistas suelen rodearse de asesores nacionales y extranjeros especializados en comunicación, estrategia e imagen pública.

Desde siempre han existido comparaciones entre grandes figuras del deporte. En República Dominicana eran frecuentes los debates sobre quién era mejor entre Mateo Rojas Alou y Manuel Mota; más adelante entre César Cedeño y Césarín Gerónimo.

En baloncesto, las discusiones giraban alrededor de Hugo Cabrera y Chicho Sibilio. En la música, la rivalidad popular enfrentaba a Félix del Rosario y Johnny Ventura, hasta la irrupción de Wilfrido Vargas, comparada de inmediato con el Caballo Mayor.

Lo importante es que esos ídolos deportivos y artísticos rara vez participan en esas discusiones públicas para descalificar a sus contemporáneos. Comprendían que entrar en ese terreno podía interpretarse como arrogancia o narcisismo.

Muy distinto ocurre en la política, donde las pasiones y los intereses suelen desbordarse. Con frecuencia los ataques dejan de centrarse en las ideas y se trasladan al plano personal.

Es una práctica universal. Basta observar a figuras como Donald Trump , quien ha convertido el insulto y la confrontación directa en parte de su estilo político.

En el baloncesto continúa el eterno debate sobre quién ha sido el mejor jugador de la historia de la NBA : Michael Jordan o LeBron James . Sin embargo, ambos han mostrado respeto mutuo y han evitado alimentar públicamente la controversia.

La sociedad necesita aprender a respetar las opiniones ajenas con la misma firmeza con que exige respeto para las propias.

La tolerancia hacia las ideas diferentes debería ser un valor esencial. En ese aspecto, Sócrates fue ejemplar: privilegiaba el diálogo y defendía la escucha como el verdadero camino hacia el conocimiento.

Entre los políticos dominicanos, siempre admiré al doctor José Francisco Peña Gómez por su humildad y su capacidad de escuchar. Esa virtud lo hacía diferente.

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