La respuesta de la comunidad internacional ante la crisis de Haití

Por JUAN LÓPEZ

Con genuina inquietud, nos detenemos a considerar una pregunta crucial: ¿Qué acciones ha llevado a cabo la comunidad internacional para ofrecer soluciones efectivas a la severa crisis que, desde hace décadas, enfrenta Haití?

Cuando hablamos de la comunidad internacional con responsabilidades éticas, morales, históricas y solidarias hacia el pueblo haitiano, nos referimos a instituciones como la Organización de los Estados Americanos (OEA), las Naciones Unidas (ONU), la Comunidad del Caribe (CARICOM), la Unión Europea (UE), así como a actores como Estados Unidos, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y varias ONG con influencia en América Latina y el Caribe.

Haití ha sufrido durante años de una crónica crisis de ingobernabilidad, exacerbada por el caos socio-político, una alta inflación y una caída significativa en su producto interno bruto (PIB). La situación ha resultado en que el país sea considerado el más empobrecido de América y el hemisferio occidental.

Tras el asesinato de su presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021, la crisis se ha intensificado, llevando a Haití a ser catalogado como un Estado fallido y una amenaza para la seguridad en la región, especialmente para la República Dominicana. Esto se debe a varias circunstancias clave:

1. Desde hace siete años, Haití carece de un presidente y un Congreso, siendo gobernado por cuatro Primeros Ministros transitorios y dos Comisiones Presidenciales en conflicto. Las últimas elecciones, muy discutidas, tuvieron lugar en noviembre de 2016.

2. Diversas bandas criminales, armadas y sin control, dominan más del 80% de Puerto Príncipe y otras áreas rurales, y operan a través de extorsión, terror y otros delitos.

3. La economía del país ha disminuido durante cuatro años seguidos, con un PIB que se encuentra por debajo del -2% este año. Con una población superior a los 12 millones, más del 21% está desempleada y 40% son analfabetos, mientras que los servicios de salud han sufrido un notable deterioro y la inflación supera el 24%.

Como resultado de estas crisis, miles de haitianos emigran en condiciones extremadamente difíciles. La migración a la República Dominicana, país vecino, se ha intensificado debido a razones socioeconómicas y a la estabilidad política que ofrece.

A continuación, revisamos las “principales contribuciones” de la comunidad internacional en respuesta a la crítica situación haitiana:

1. El Consejo de Seguridad de la ONU decidió enviar una misión de policías internacionales liderados por agentes de Kenia. Después de más de tres años, esta fuerza se retiró sin resultados positivos. Posteriormente, se estableció otra misión militar destinada a combatir a las bandas, aunque también ha tenido escaso éxito hasta el momento.

2. La administración estadounidense, bajo una orden ejecutiva del presidente Trump, ha puesto fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) que beneficiaba a más de 350,000 haitianos en EE. UU. Desde el pasado jueves, se han comenzado repatriaciones, acciones que, sin duda, incrementarán la crisis y la emigración masiva.

3. Recientemente, una misión de alto nivel de la OEA concluyó una visita a Haití para investigar la situación. Su presidente, Albert Ramdin, hizo un llamado a las autoridades haitianas y a la comunidad internacional para que se intensifiquen los esfuerzos hacia la recuperación de la seguridad y la organización de unas elecciones generales planificadas para el 13 de diciembre de 2026.

A pesar de estos intentos, el pueblo haitiano permanece en una total vulnerabilidad, con la única esperanza de llevar a cabo elecciones generales en un contexto extremadamente complicado:

1. Los grupos criminales continúan operando libremente, armados y sin control. 2. El Consejo Electoral Provisional (CEP) ha comenzado a organizar el padrón electoral. 3. Se han registrado 88 partidos diferentes y 17 coaliciones con derechos a presentar candidatos. 4. La posibilidad de elecciones justas y transparentes dependerá de la presencia de observadores internacionales que puedan garantizar su integridad.

Frente a la inacción y las respuestas poco efectivas de la comunidad internacional ante la crisis en Haití, el futuro del pueblo haitiano parece cada vez más incierto y sombrío.

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