El día que también se cuente la historia de las mujeres

Por Abril Peña

Recientemente, una comunicadora de entretenimiento y un medio impreso discutieron sobre las exparejas de Gabi Desangles. Mientras que el medio se mostró algo reservado, la comunicadora no dudó en cuestionar el hecho de que Gabi hubiera tenido varias relaciones tras su primer divorcio, mientras que su exmarido solo habría estado en una relación y ahora planea casarse con ella.

La premisa sostenía que “la sociedad juzga ese comportamiento”. ¿Es realmente necesario que en pleno siglo XXI se critique a una mujer por sus múltiples parejas tras un divorcio? Una pregunta más relevante surge: ¿quién documenta a las mujeres que han estado en la vida de los hombres?

En la República Dominicana, encontramos a hombres destacados en el ámbito del espectáculo con varios matrimonios, novias y amantes; sin embargo, raramente se les dedica un segmento de medios para cuestionar o enumerar sus relaciones, lo que se hace con las mujeres de manera habitual. Para ellas, su vida amorosa se convierte en un expediente a analizar, mientras que para ellos se confiere un estatus de privacidad o incluso éxito.

El comportamiento de los hombres —incluidos muchos de la comunidad LGBT— de protegerse entre ellos no es sorprendente. Lo mismo ocurre con las mujeres, que muchas veces se juzgan entre sí, lo que refleja siglos de competencia en vez de colaboración. Recientemente, alguien destacó mi tendencia a ayudar a otras mujeres, sugiriendo que era ingenuo de mi parte no esperar reciprocidad. Respondí que ese es el comportamiento humano, y aunque algunos pueden no actuar de forma solidaria, creo en el valor de apoyar a quienes lo merecen.

A menudo, la vida de los hombres es considerada experiencia, en tanto que la de las mujeres es un espectáculo público. La atención hacia mujeres como Gabi Desangles o la embajadora de Estados Unidos en el país, Leah Campos, a menudo se centra en su apariencia o vida privada, en lugar de su trayectoria profesional. Este enfoque es casi inexistente cuando se trata de diplomáticos masculinos.

Este patrón refleja una cultura que establece que la vida privada del hombre es personal, mientras que la de la mujer se convierte en un asunto colectivo. A ellos se les permite operar de manera colaborativa, mientras que a nosotras se nos incentiva a competir y descalificar. Las interacciones en nuestras redes sociales y en los medios son un claro reflejo de ello, comenzando incluso desde comentarios destructivos hacia figuras femeninas.

Esta situación no es trivial, especialmente en un entorno donde la violencia contra las mujeres persiste y las responsabilidades recaen en las víctimas. La dinámica en la política también resuena; la lucha de Gloria Reyes, por ejemplo, podría haber sido diferente si ella hubiera liderado su propio equipo en lugar de ser parte de uno históricamente masculino. Las mujeres, a menudo, quedan relegadas a roles de poca influencia en comisiones críticas del Congreso, y esto se repite en la industria del entretenimiento, donde sus logros son frecuentemente resumidos a sus relaciones con hombres.

  • Related Posts

    La abstención en las elecciones: una oportunidad para revitalizar la política

    Por Jesús Féliz Un informe sobre la abstención electoral, elaborado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos y presentado por la Junta Central Electoral (JCE), pone de manifiesto una realidad…

    Carolina Mejía refuerza su apoyo en Ocoa y asegura que gobernará con su equipo en 2028

    La candidata presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Carolina Mejía, encabezó el sábado la juramentación de numerosos activistas y representantes de su estructura en San José de Ocoa, fortaleciendo así…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *