
El calor es el mayor enemigo de los ordenadores. Los chips que impulsan los procesadores contienen miles de millones de transistores que, al recalentarse, provocan drásticas caídas de rendimiento. Ahora, un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State, EE. UU.) ha desarrollado una solución innovadora: termómetros microscópicos integrados directamente en los chips.







