Por Freddy Angel Castro Díaz
Un hallazgo clave del informe revela que la democracia a nivel global se encuentra en un periodo prolongado de estancamiento y declive. Durante once años consecutivos, ha habido más países que han visto deterioro democrático que aquellos con mejoras. Además, más del 80% de las naciones analizadas no mostró cambios significativos en su desempeño democrático.
La Ciencia Política ha destacado diferentes mecanismos que contribuyen a la erosión democrática. Entre estos se encuentran la concentración de poder en el Ejecutivo, el debilitamiento de los órganos de control, la pérdida de independencia judicial, y la criminalización de la oposición política. También se mencionan la disminución de garantías para la prensa y la libertad de expresión, el clientelismo, la corrupción y la polarización extrema que lleva a la deslegitimación de los adversarios.
Estos fenómenos no siempre se producen a través de golpes de Estado o rupturas constitucionales. A menudo, suceden de manera gradual, utilizando procedimientos legales, reformas institucionales o decisiones administrativas que presentan a los controles democráticos como obstáculos para la gobernabilidad.
El informe de IDEA Internacional destaca que el Estado de derecho es una de las dimensiones más vulnerables de la democracia actual, ya que actúa como la base institucional que limita el poder arbitrario y garantiza la aplicación justa y predecible de las normas. Un Estado democrático no se define solo por la elección de sus autoridades, sino también por el respeto a los límites constitucionales y la rendición de cuentas ante la ciudadanía y el sistema judicial.
El debilitamiento del Estado de derecho puede presentarse de varias maneras, como interferencias políticas en la selección de jueces o falta de autonomía en las instituciones de justicia. También puede incluir la impunidad en casos de corrupción y la aplicación selectiva de la ley contra opositores, entre otros problemas.
La relación entre democracia y conflicto es central en el informe. La teoría de la paz democrática sostiene que las democracias consolidadas rara vez se enfrentan entre sí debido a sus mecanismos de control y resolución pacífica de conflictos. La democracia puede facilitar la paz al permitir la negociación y generar canales de representación, además de establecer límites jurídicos al poder estatal.
Sin embargo, el informe aclara que los países más propensos a conflictos no son necesariamente las autocracias ya establecidas ni las democracias fuertes, sino aquellas en una zona intermedia como los regímenes híbridos. Estos presentan una combinación riesgosa de competencia por el poder, pero con reglas poco confiables y elecciones desconfianzadas.
La calidad democrática también depende de que la ciudadanía sienta que su participación tiene un impacto real en las decisiones públicas. Si la población percibe que el voto no cambia su realidad, que los partidos no representan sus intereses o que las instituciones favorecen grupos privilegiados, aumenta la desconexión con el sistema político.
Esta crisis de representación puede manifestarse de varias maneras, incluyendo la abstención electoral y el surgimiento de discursos populistas o autoritarios. La desconfianza hacia el sistema político es una reacción racional o emocional ante instituciones que son vistas como ineficaces o corruptas.
La falta de participación, la desconfianza y la apatía política son señales que deben ser atendidas por los partidos, órganos electorales y la sociedad civil. Una democracia saludable debe ir más allá de contar votos y establecer condiciones en las que los ciudadanos se sientan representados y capaces de influir en la vida pública.
El Informe sobre el Estado Global de la Democracia 2026 indica que el debilitamiento de la democracia es un fenómeno prolongado y global, afectando a democracias consolidadas, regímenes en transición y sistemas frágiles en un contexto de retroceso que se ha mantenido durante once años consecutivos.






