Por: Mihail García
He mencionado anteriormente que la renovación en cualquier institución no se centra en aspectos biológicos, sino que se trata de adaptarse a cambios, innovar y comprender la dirección en la que avanza la sociedad. Esta reflexión es aplicable a empresas, iglesias y partidos políticos por igual.
Es erróneo confundir la renovación con el relevo generacional. Hay numerosos ejemplos que ilustran esta idea. China, por ejemplo, lidera en las solicitudes internacionales de patentes y ha desarrollado una estrategia centrada en la innovación tecnológica. Este avance es fruto de un liderazgo que ha priorizado tanto el progreso como la modernización de su país, un liderazgo que claramente puede considerarse de vanguardia, y que no depende de la edad del líder.
En el ámbito empresarial, también hay múltiples casos que demuestran esto. Larry Ellison, creador de Oracle, tiene 81 años y se mantiene activo; Bernard Arnault, al frente de LVMH, cuenta con 77 años; Jeff Bezos, fundador de Amazon, tiene 62 años, y Jensen Huang, cofundador de NVIDIA, tiene 63. Estos ejemplos subrayan que en un entorno donde la competencia y la innovación son clave, lo crucial no es el relevo biológico, sino la constante renovación de ideas.
Esto es relevante, ya que aunque los jóvenes suelen adaptarse rápidamente a nuevas tecnologías, es indiscutible que la experiencia es fundamental para guiar procesos complejos. La experiencia facilita el entendimiento de errores, la comprensión de procesos y, en muchas ocasiones, permite anticipar las repercusiones de las decisiones tomadas.
No pretendo afirmar que solo los mayores pueden liderar eficazmente, ni tampoco que la juventud sea un impedimento. Lo que deseo resaltar es que para lograr resultados excepcionales es esencial mantener la capacidad de innovar, adaptarse a los cambios y tener un deseo constante de crecimiento.
Parafraseando a Larry Page, cofundador de Google, uno de los mayores peligros para un líder es volverse conservador y complaciente, y esto no depende de la edad. Existen jóvenes muy conservadores y adultos mayores que están dispuestos a aprender y asumir desafíos.
Por lo tanto, estimados lectores, lo verdaderamente relevante no es la edad de una persona, sino su comprensión del presente, su visión del futuro y su habilidad para anticipar los cambios que se avecinan.
En nuestro país, ya hubo una figura que miró más allá de su tiempo: un hombre que introdujo computadoras en las escuelas, que promovió la creación del Instituto Tecnológico de las Américas y del Instituto Técnico Superior Comunitario durante su primer mandato, y que reconoció la necesidad de una transformación profunda del transporte en Santo Domingo. Este líder, enfrentándose a voces conservadoras y conformistas, fue Leonel Fernández.
Hoy, ante los nuevos desafíos que enfrenta la República Dominicana, su visión de futuro sigue siendo relevante. Fernández continúa enfatizando la importancia de avanzar hacia un modelo económico basado en educación de calidad, profesionalización, innovación tecnológica y creación de nuevas oportunidades.
No se trata de retornar al pasado, sino de utilizar la experiencia acumulada para forjar el futuro. Al hablar de renovación, es crucial plantear preguntas distintas: ¿qué necesita realmente el país para avanzar? ¿Nuevos rostros o nuevas ideas? ¿Un mero relevo generacional o una visión que pueda anticipar los cambios ya visibles en el mundo actual?
Desde mi perspectiva, la respuesta es clara. La República Dominicana precisa de liderazgos que comprendan el presente, proyecten el futuro y miren más allá de la curva. Y esa capacidad no está determinada por la edad. La verdadera renovación es, en definitiva, una cuestión de visión.








