Por Abril Peña
Llevamos quince días discutiendo sobre la delincuencia juvenil. Durante este tiempo, escuché a una joven definir lo que para ella significa ser un "pariguayo". Su respuesta me hizo reflexionar: un hombre que no lleva armas, que actúa correctamente y trabaja con seriedad, es considerado un pariguayo.
No se trata únicamente de la perspectiva de esta joven. La madre de uno de los jóvenes fallecidos comentó que su hijo vendía drogas, pero que no era problemático y era un buen chico. Facilitaría convertir a estas jóvenes en las villanas de esta narrativa, criticándolas y burlándonos, sin profundizar en el problema más amplio. Esta joven expresó en voz alta una percepción que muchos comparten. Pensemos en cómo nos comunicamos a diario: el hombre fiel es un "lento", el que no roba es un "pendejo", el funcionario honesto es visto como alguien que "no supo aprovechar". Así, el joven que estudia y trabaja, el que pone límites o espera su turno es ridiculizado y tratado como un pariguayo, mientras que se admira al que elude la ley o evita hacer lo correcto.








