"Necrológica de los hegemónicos PRSC y PLD"
Por: José Francisco Peña Guaba
En la República Dominicana, así como en muchas naciones del mundo, las cúpulas de los partidos han iniciado un proceso de transformación que prioriza lo financiero sobre los ideales. Esta situación se traduce en que, al aprovecharse del dinero, se pierde la dignidad, los valores y la lealtad, convirtiendo a muchos políticos en meros negociantes.
Aún resuenan las palabras de mi padre, quien lamentaba el cambio de mentalidad en altos líderes del PRD: "Solo cuando sus intereses dejaron de ser políticos y se volvieron económicos." Esto ocurrió especialmente en el periodo en que el PRD gobernó y los sectores de Antonio Guzmán y Salvador Jorge Blanco, antes rivales, se unieron, enfocándose en su bienestar económico y olvidando la causa popular que representaban. La pérdida de vergüenza es palpable, con dirigentes que cambian de partido e ideales sin pudor, justificados por un pragmatismo político que ha llevado al desinterés ciudadano por la política.
De igual manera, se comprende cómo el reformismo entregó su espacio electoral al PLD en 1996; una decisión motivada más por la salvaguarda de intereses económicos que por razones políticas. Esta entrega ha menoscabado lo que fue un prominente partido político. Por su parte, el PLD sigue el mismo camino hacia la irrelevancia, al priorizar intereses particulares sobre los del partido. Esta situación se agrava cuando líderes del PLD prefieren negociar con adversarios en lugar de crear alianzas estratégicas con la Fuerza del Pueblo, limitando así la construcción de una oposición efectiva.
El uso estratégico del Lawfare ha forzado a varios dirigentes a aliarse con quienes los han perseguido, buscando seguridad política y patrimonial a través de colaboraciones comprometedores. A esto se suma que en los círculos políticos se menciona a ciertos dirigentes peledeístas como si sus objetivos fuesen únicamente económicos, cuestionando su dignidad al reunirse con quienes alguna vez fueron sus opresores.
Llama la atención que aún no exista una mesa de oposición que enfrente al actual gobierno, y que muchos dentro del PLD consideren negociar con los oficialistas. Resulta incomprensible para las bases del partido, que claman por una verdadera unidad opositora. Además, el expresidente Danilo Medina se opone a una alianza con Leonel Fernández, quien contribuyó a su ascenso al poder en 2012, eligiendo mantener al frente a quienes han tratado de desacreditarlo a él y a su familia, dejando perplejos a los observadores políticos ante la inacción ante tal situación.
Es lamentable que los líderes, incluso aquellos elegidos por el voto popular, busquen enriquecerse a expensas de militantes que verdaderamente creen estar en una lucha política en defensa de los intereses populares. Aquellos que piensan que las bases opositoras son ingenuas deberían considerar que su falta de ética será denunciada, revelando su interés en negociar acuerdos que beneficien al oficialismo. La presión recae sobre Abel Martínez y Gonzalo Castillo si permiten que sus acciones favorezcan a quienes buscan perpetuarse en el poder más allá de 2028. La política caracterizada por intereses materiales colide con la dura realidad de un pueblo que enfrenta adversidades cotidianas; es un llamado a la sensatez para que las bases opositoras se mantengan firmes.






