El colapso del palacio presidencial en Haití, tras el terremoto de 2010, marcó el inicio de la descomposición institucional en el país caribeño. A dieciséis años de aquel desastre, es evidente que Haití ha caído en la categoría de estado fallido, donde las pandillas se han convertido en las únicas entidades que ostentan un mínimo de respeto.
Venezuela se encuentra en una situación institucional igualmente frágil, similar a la de Haití antes del terremoto. Muchos ciudadanos venezolanos que perdieron sus hogares y negocios por la crisis son impracticables, ya que no tienen nada que perder. Asimismo, al igual que los funcionarios haitianos, los militares de Venezuela están involucrados en la malversación de la ayuda humanitaria internacional.
La nación sudamericana enfrentará un futuro caracterizado por una aguda crisis económica, inestabilidad política y una migración masiva. La dictadura en el país eventualmente colapsará, generando un vacío político de profundas consecuencias.
Así como en Haití las pandillas ocuparon el poder tras el desastre, en Venezuela podría ocurrir algo similar. Además de la asistencia humanitaria, los países vecinos deben prepararse para acoger una nueva ola de refugiados. Venezuela ha iniciado un proceso acelerado de 'haitianización'. Las condiciones pueden conducir al caos, ya que el régimen ha destruido las instituciones y las ha reemplazado por la fuerza, aunque esta última les falta para mantener el control.
En el caso del terremoto en Haití, se asumió que pudo haber sido el resultado de una nueva arma desarrollada por Washington, con una magnitud de 7.0 en la escala de Richter. En Venezuela, los desastres superan esa magnitud, con un impacto equivalente al de varias bombas atómicas. En este contexto, podrían surgir teorías que examinen la posibilidad de que estos eventos también hayan sido provocados. Un conocido mío, Leo, sostiene que “todo lo que puedes imaginar puede suceder; mientras más inusual y absurda sea la idea, más probabilidades tiene de hacerse realidad”.
Ningún gobierno, especialmente el venezolano, está en condiciones de manejar a cientos de miles de personas hambrientas y desamparadas. Es previsible que ocurran levantamientos impulsados por la supervivencia, con serias implicaciones políticas.
Venezuela carece de la suficiente fuerza de seguridad para controlar las zonas afectadas por la crisis y el resto del territorio nacional. Estemos atentos a la reorganización de pandillas como el Tren de Aragua, así como a otras menos conocidas y aquellas que surjan con el fin de aprovechar esta “oportunidad” para llenar el vacío de poder.
Ojalá los venezolanos puedan demostrar que “nunca es más oscura la noche que antes del amanecer”. El posible vacío de poder generará caos, hambre y situaciones inimaginables, marcando un proceso de ‘haitianización’ difícil de detener.






